La opinión como mercancía

Así como otros símbolos de estatus en redes sociales, la opinión se ha transformado en un nuevo fetiche posmoderno. Vivimos en la era del culto a la personalidad, por lo que no basta representarnos por medio de imágenes, también es necesario exponer nuestras ideas para completar este “quién soy” en un nuevo espacio de socialización, diverso, frenético, saturado.

Fue cuestión de tiempo para que las opiniones comenzaran a rivalizar en las redes. El ejercicio de exponer los puntos de vista mutó a un acto de competencia transformando al medio digital en un mercado bursátil de caracteres, hashtags y likes, todo para lograr visibilidad y ganar las apuestas especulativas de nuestras ideas.

“Creo que es una exigencia tácita colectiva, es como que tu opinión fuera una mercancía” me comenta Diego, un asiduo lector de debates en la web.

Como una moneda de cambio, la opinión se transa en redes sociales bajo las lógicas del capitalismo. La competitividad por ganar los debates y la búsqueda de acumulación de likes o seguidores, es similar al bullicio de las bolsas de comercio, cuyas manos alzadas apuestan por estrategias como la ironía y el emplazamiento para ganar en este nuevo mercado digital de ideas.

Paulina es una ácida periodista y reconoce el tono punzante de sus posteos “Cuando escribo ‘usted’ en mis publicaciones, es una visión más bien despectiva. Le estoy hablando al chileno medio que se supone que no ve lo que yo veo. Porque no lee lo que yo leo, porque no trabaja en lo que yo trabajo. No me siento culpable por ello porque creo que estoy haciendo un aporte diciéndoles algo que ellos no saben; ‘ellos’, un grupo de gente que es más ignorante que yo”.

El sarcasmo no ha sido el único protagonista en la vociferación de esta bolsa mediática. La crítica ha transformado al debate digital en un campo de batalla de ofensas o mentiras, muchas veces de modo anónimo y en plena impunidad.

Julio, consultor, observa el placer que surge en muchas personas al escribir anónimamente o con rabia “Hay usuarios que son muy negativos y que buscan expresar mucho resentimiento, lo único que hacen es criticar todo. Es en parte jugar al antagonista. Existe una catarsis al vaciar lo que piensas, aunque sea ofendiendo o ironizando. Hay una descarga increíble en redes sociales, porque las personas se atreven a decir lo que en persona no harían”.

Pareciera que muchos han encontrado en la crítica la forma más eficiente de ganar sus apuestas en este mercado de ideas, haciendo de la exhibición de su intelecto como mofa, un activo que aumenta su valor bursátil, mercancía cargada de ego y competitividad.

Mario concluye que “para mí, alguien que se la pasa discutiendo en Facebook o Twitter está perdiendo su tiempo, es un ególatra, no es más que eso”.

Ante tanta crítica, estudios demuestran el fenómeno de la homofilia o visión de túnel en nuestras transacciones de ideas.

Finalmente, nos agrupamos en comunidades interpretativas, grupos con ideas afines que nos resultan cómodos, sin riesgo, minimizando así el fracaso y la exposición a la burla.

Zygmunt Bauman lo explica: “Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara. Las redes sociales son muy útiles, dan servicios muy placenteros, pero son una trampa”.

El panorama de este debate mercantil no da luces de cambiar, sin embargo, entre los gritos de ofensas y megalómanos tediosos existen voces que buscan el acuerdo, que logran construir un relato que trasciende el medio digital más allá de la mera competencia.

Ejemplos de ello son el movimiento estudiantil en Chile o la Primavera Árabe, los que constatan que la opinión es más que una mercancía manoseada en redes sociales.

Juan Pablo es líder estudiantil y reflexiona “Esto no se trata de quién es más inteligente. Yo en Facebook trato de hacer manipulación positiva, concientizar, trato de inspirar para que avancemos. Lo que construye es lo positivo; las peleas son para los que sólo piensan en sí mismos. Las redes sociales hay que aprovecharlas para el bien común, eso es verdadera inteligencia”.

Aún existen aquellos capaces de escuchar nuevas voces y observar reflejos distintos. Puede que mañana al comenzar la jornada bursátil, el mercado de opiniones vaya al alza.

Nosotros, sólo debemos apostar.

Ximena Burgos Sánchez.-

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2 comentarios sobre “La opinión como mercancía

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