XIMENA BURGOS

Durante mucho tiempo, me identifiqué con lo que yo pensaba.

Siempre fui una incansable buscadora de respuestas. Como columnista en Radio Cooperativa y en mi blog «La Galería del Ego», me encantaba analizar y encontrar ideas creativas para explicar cómo era la sociedad.

Siempre me sentí como la niña del cuento «El traje del Emperador», revelando aquello que nadie se atreve por miedo, vergüenza, o poca convicción. Yo amaba explorar los rincones de nuestra psique y exponer esos rasgos públicamente, como el narcisismo, la cultura de las apariencias, la sociedad de consumo, la banalidad, el hedonismo, la competitividad. Esas características me impulsaban a invitar a los demás a que intentáramos trascenderlas, ser más auténticos, permitir nuestra vulnerabilidad. Pero en realidad, sólo me quedaba en eso, dando mi opinión -que no es poco- sintiéndome intranquila, insatisfecha, sabiendo que tenía mucho más por entregar, y a la vez, no tener idea de cómo hacerlo.

Un día me hice una buena pregunta «¿Para qué hago todo esto?» Cada vez que publicaba una columna, la euforia se desvanecía con los días y no le veía mayor sentido a escribir. Llegué a pensar que tal vez no lo haría nunca más; para qué, si hacerlo no me llevaba a ninguna parte.

En ese momento efectivamente dejé de escribir. Creí que mi proyecto había sido una volada, si bien de años, pero una volada nada más. Comencé a juzgarme, y a juzgarme por juzgarme, inconsciente del patrón en el que yo vivía. Mis columnas eran un reflejo de mi forma de existir: plantearme preguntas, intentar resolverlas, y pensar, pensar, pensar. Cada pregunta sobre mi vida, mis frustraciones y dolores, se convertía en una especie de acertijo que me hacía aferrar mucho más al dilema, y me perdía entre tanto cuestionamiento, y al final del día, no hacía nada.

Estaba ya muy cansada de pensar.

Fueron un par de años de silencio, sin escribir, iniciando un sendero de trabajo interior muy profundo. Yo ya había iniciado ese sendero muchos años antes, pero ahora lo veo con claridad, no me había comprometido conmigo, ni con mi amada galería. Mis miedos, falta de confianza y autoestima volátil, alimentaban a mi mente que me mantenía en un estado de duda permanente y cuestionamiento de todos los aspectos de mi vida, dejándome sin avanzar. Ese era mi Ego al mando, mi mente que de alguna manera, me hacía adicta al sufrimiento, porque la mente es sadomasoquista, le gusta sufrir y hacer sufrir, y mi sensibilidad era su rehén, bloqueándome y manteniéndome oculta ante la vida.

La salida, no estaba en un nuevo «Por qué». Estaba en el silencio.

La vida me tuvo preparadas un par de pruebas que intensificaron mis preguntas desde el sufrimiento. Una y otra vez, superaba el obstáculo con mucho tiempo y desgaste, y cuando ya lo había sorteado, nuevamente, me tumbaban. Llega un momento en la vida de toda persona que te enfrentas a una encrucijada: me rindo, o sigo luchando. Y aquí está lo curioso que descubrí:

RENDIRSE, ES LA FORMA DE LUCHAR.

Todos vivimos desde el Ego, desde la mente. Y ésta nunca se sacia, siempre querrá más; preguntar, idealizar, sufrir, esperar. Exige y a la vez se victimiza, cree que tiene el control de todo, se siente incomprendida. Realmente ¿Quería vivir así?

Costó, pero se logró. La senda era habitarme en silencio, y ahora que escribo esto (mayo 2026) veo cómo todo ese tiempo de parar de escribir fue el preludio de mi silencio mental, confundido con desgano y falta de propósito.

NO.

Si tú sientes que estás «detenido», puede ser una excelente señal. Es tu Ser que al fin tiene un espacio para que lo escuches, y eso, se logra únicamente sintiéndote. Transitar desde tu mente, hacia tu corazón.

Cuando decidí pasar desde el análisis, al sentir, mi antigua identidad quedó corta. En realidad, murió.

Me enfrenté a la idea de volver a escribir, pero ya no columnas cabezonas, no; era tiempo de explorar, con todas las inseguridades y autocrítica que me despertaba, un género distinto, nunca antes imaginado por mí: la escritura narrativa. La ficción. Una novela.

Así surgió ASHIRION. Despertó su consciencia en mí.

Tenía que retratar mi historia, como una especie de autobiografía ficticia, compartiendo con los demás todo lo que aprendí durante tanto tiempo. Hay mucho valor en mi libro, porque es mi propio viaje del héroe, toda mi transformación del guerrero que lucha, a un ser que se rinde. Mi batalla interna, mi pelea mental, sólo podía ser retratada en una aventura de tono espiritual que se convirtió en el mapa de mi propia rendición.

Comprendí que no tiene sentido luchar contra el Ego, más bien hay que dejar de alimentarlo, y eso requiere de tu parte compasión por ti mismo, olvidarte de la autoexigencia, mirarte con cariño, escucharte, tenerte paciencia, en fin, amarte. ¿Qué difícil es para muchas personas, no?

Así, una cosa llevó a la otra. Hoy, mi mundo se ha ampliado y al fin combino lo que amo, irme en voladas profundas impulsando la reflexión en los demás, mucho más allá de mis columnas. He creado un mundo con ASHIRION, el guerrero koroti, que toca el corazón de muchos lectores, y mi voz, en mi podcast, transmite toda esta nueva energía de renovación, fuerza y amor por cada uno de nosotros. Y, «La Galería del Ego» ahora es un espacio donde pongo mi experiencia y sabiduría a tu servicio. No soy una coach que te dará más fórmulas para tu mente que busca resultados, Yo Soy el cincel que te ayudará a quitar los pedazos de mármol que ocultan tu escultura, como decía Miguel Ángel.

Mi propósito, es acompañarte a que dejes de huir de lo que estás sintiendo para que, por fin, tu Ser se revele.

Seré parte del silencio que preceda tu propia revelación. No te enseñaré nada nuevo, te ayudaré a salir de tu ruido mental, para que muy pronto, tu verdadera voz, tu Espíritu, sea quien lidere tu vida.

Gracias por leer.

Gracias por escuchar.

Gracias por sentir.

Xime.-