Okja. Las traducciones son sagradas

Cuando apareció en escena el “Frente de Liberación Animal”, mi corazón afligido se remeció de coraje. De algún modo una de mis vocaciones tomaba vida en la pantalla. Sin embargo, el poder es capaz de corromper y nublar las causas más nobles. Y de paso, terminaba por romper mi corazón.

Estrenada en el festival de Cannes, Okja es una de las nuevas aventuras de Netflix que viene acostumbrándonos a un deleite visual y narrativo, y en este último aspecto, retoma el conocido relato de uno de los amores más profundos y perfectos que puede existir: el que surge entre dos especies distintas. No es casualidad que la protagonista sea una niña, la coreana Mija, arquetipo de una nobleza frágil y a la vez fuerte, y que el paraje de la historia se aferre a una naturaleza que nos parece ya mítica, por ahí, en algún rincón de lo que queda de este planeta, lugar en que una cerda transgénica, Okja, con rasgos de perro, muy grande, inteligente, adorable, vive en plena inocencia y seguridad. “No hay nada mejor que el hogar”, es una frase que no le hace justicia a este oasis dentro de una modernidad indolente y destructiva. Pero esta modernidad es la creadora de Okja. Si la madre tierra se ha convertido en su hogar perfecto, en realidad su origen es ciertamente espurio, un laboratorio de atroces experimentos que produce vidas para alimentar a otras, y a cualquier precio. El dolor más profundo será el sino de Okja y de Mija.

Historias de amor y rescate entre niños y animales no son nuevas en el cine, pero el sello de Okja es su capacidad de exponer un tema difícil con tanta verdad y dolor como ironía y ligereza. Se sustenta en caricaturescas interpretaciones del capitalismo industrial y los medios de comunicación con un reparto de estrellas como Tilda Swinton (Doctor Strange, Narnia I), Jake Gyllenhaal (Secreto en la Montaña), Paul Dano (Pequeña Miss Sunshine), Steven Yeun (The Walking Dead) y Giancarlo Esposito (Breaking Bad). Nota aparte es la joven y talentosa Ahn Seo Hyun que me recuerda a mí de niña, melena, delgada y sencilla, capaz de recorrer el mundo entero a pie por defender al amor más puro, valor principal del personaje, que lejos de victimizarse, enfrenta a su abuelo, se cuelga de camiones en plena carretera y se expone a las manipulaciones de un grupo de guerrilleros animalistas cuyas buenas intenciones tienen tanto alcance como sus errores.

Con Okja no hay que perderse. Esta película le habla a los convencidos; quien goce del sabor de la carne o quien haya visto –quien haya resistido– los documentales de sangre tras la industria carnívora, con suerte la encontrará simpática. Pero esta película tiene una trampa clara y no la esconde: no sólo le habla a los convencidos, le habla a los que están en la cuerda floja respecto de asumir estilos de vida ligados al vegetarianismo o veganismo, utilizando una de las estrategias más conocidas para impulsar la reflexión sobre el maltrato animal (y sobre todo acercándonos a Okja por sus rasgos perrunos que nos resultan emotivamente familiares). Sin embargo, el argumento trasciende la conocida estrategia e instala una táctica más fina: la empatía, pero no la empatía con el dolor de quien da su vida para estar en tu mesa, sino la empatía con un estatus llamado “potencial”. La potencialidad de un ser que en rigor es tal como tú, y que en ese potencial, convierte al mismo ser humano en el sujeto que puede estar en la mesa. Sujeto, no objeto. Okja deja de ser un cerdo transgénico para simplemente “ser” un igual al cinespectador y en ese ejercicio de similitud, de unión, muchos caminantes en la cuerda floja caerán a un abismo de genuino cuestionamiento sobre la industria de la carne en su máxima expresión: los zoológicos, los acuarios, las jaulas de aves o hámster, los circos.

“Las traducciones son sagradas” marca en tinta la película, y esa traducción de animal en humano y de humano en animal, es la retórica de una cerda con rasgos de perro, muy grande, inteligente, y adorable. Un ser que, casualmente, te susurra secretos al oído.

Ximena Burgos Sánchez.-

Okja foto

2 comentarios sobre “Okja. Las traducciones son sagradas

  1. El reparto es muy curioso. Es una película que invita a la reflexión y a pensar en que mundo/fábrica, estamos viviendo. De todas maneras la recomiendo, éxito en este nuevo emprender.

    Julio J.

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